Muchas personas creen que tomar agua muy fría hidrata más rápido, especialmente después de hacer ejercicio o en días de calor. Sin embargo, la velocidad de hidratación no depende de la temperatura del agua.
El cuerpo absorbe el agua en función de sus necesidades y del funcionamiento del sistema digestivo. En ese proceso, la temperatura tiene un impacto mínimo.
De hecho, cuando el agua está muy fría, el organismo debe adaptarla a la temperatura corporal antes de utilizarla. Esto puede hacer que el proceso sea levemente más lento, aunque la diferencia no es significativa.
Además, el agua muy fría puede generar una sensación inmediata de alivio que lleva a pensar que ya se está hidratado, cuando en realidad el cuerpo puede seguir necesitando líquidos.
En algunos casos, especialmente después de ejercicio intenso, tomar agua extremadamente fría puede causar molestias estomacales o una sensación incómoda.
Los especialistas recomiendan beber agua de forma regular, sin esperar a tener mucha sed, y priorizar la cantidad antes que la temperatura.
La hidratación efectiva depende más de la constancia que de cómo se consume el agua.