Manejar con una sola mano es una práctica común, especialmente en trayectos cortos o en situaciones de confianza. Sin embargo, este hábito reduce el control real sobre el vehículo.
El volante está diseñado para ser utilizado con ambas manos, lo que permite realizar movimientos más precisos y rápidos. Cuando se maneja con una sola mano, la capacidad de reacción ante un imprevisto disminuye.
En situaciones como esquivar un obstáculo, corregir la dirección o frenar de golpe, el tiempo de respuesta es clave. Tener ambas manos en el volante permite aplicar fuerza de manera equilibrada y controlar mejor el auto.
Además, conducir con una sola mano suele estar asociado a otras distracciones, como usar el celular, comer o manipular objetos. Esto aumenta aún más el riesgo.
Incluso en condiciones normales, como curvas o calles irregulares, el control del vehículo es menor cuando no se utiliza el volante correctamente.
Los especialistas en seguridad vial recomiendan mantener ambas manos en posiciones opuestas del volante para tener mayor estabilidad y capacidad de maniobra.
Un gesto que parece insignificante puede marcar una diferencia importante en situaciones inesperadas.